martes, 16 de junio de 2009

El Preludio


Es un honor escribir las primeras líneas de lo que se convertirá un día en la biblia de los hombres que dedicaron su tiempo libre a estar al pedo. Llegó la hora de dignificar aquellas actividades que por estériles que se presenten ante la mirada especuladora del sexo opuesto, dan sentido a nuestras vidas.
Luego de intensas jornadas de trabajo dedicadas a cumplir el rol de “machos abastecedores”, de colaborar en la crianza de los niños (para aquellos que los tienen) y de cumplir con los deberes maritales (para quienes cargan con el yugo), necesitamos navegar por un espacio completamente nuestro, en el que comentar el gusto de una buena cerveza sea tan valido como narrar una caminata por la cima del Everest.
Los invito a compartir esas horas al pedo...

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